Esta línea de actuación que, en teoría, tiene como prioridad la lucha contra la pobreza, es el resultado de un cambio de discurso que se está dando en el Banco a lo largo de la década de los 90 y que se está intensificando durante los primeros años del siglo XXI. Bajo la presidencia de James D. Wolfensohn el BM ha sufrido un proceso de reformas, tanto de organización como en relación al discurso sobre desarrollo. Este proceso es consecuencia en gran parte de las críticas provenientes de diferentes sectores y la presión social que se ha ejercido, sobre todo desde la segunda mitad de los 80, sobre el Banco y sus políticas. A principios de la década de los 90, incluso informes internos del BM, acompañados de importantes disidencias, pusieron de manifiesto las deficiencias y los efectos "no deseados" de las actuaciones realizadas y de las políticas promovidas por el Banco.
Lo que aún está para ver es si las reformas puestas en marcha supondrán cambios reales o se trata, tal y como apuntan los críticos, sólo de una operación de maquillaje. Según Susan George, "si el Banco pretende cumplic on su solemne decisió de que "la reducción sostenible de la pobreza es el objetivo global (...) i el punto de referencia por el cual se medirá su actuación como institución para el desarrollo", tendrá que abandonar su obsesión por el mercado. (...) En tanto que las decisiones del Banco se basen en lo que dice el mercado, estará condenado a la impotencia respecto a los pobres. No tiene sentido pedir al mercado que cumpla un objetivo para el que no ha sido creado" (S. George, La religión del Crédito. El Banco Mundial y su imperio secular, 1994, p. 17). En el año 2000, la dimisión de Ravi Kanvur, encargado de dirigir el Informe anual sobre desarrollo mundial del BM, puso en evidencia que el Banco no estaba dispuesto a hacer tantas concesiones y reformas como en un principio podía parecer. Kanvur dimitió al verse imposibilitado a introducir nuevas visiones en el informe sobre desarrollo mundial, visiones diferentes a las del Consenso de Washington. Por ejemplo, sus propuestas sobre redistribución de la renta o sus críticas a las consecuencias de las políticas aplicadas o inducidas por el BM, que fueron "censuradas" por el Tesoro Norteamericano.
En cuanto a las actuaciones concretas, obviamente éstas han ido cambiando a lo largo de sus más de 50 años de historia. En términos generales, el BM, a través de sus dos principales agencias (BIRF y AIF), otorga préstamos a proyectos y a programas de ajuste sectorial y estructural. Hasta los años 80 los préstamos para proyectos fueron mayoritarios, pero a partir de la década de los 80, y a raíz sobre todo de la crisis de la deuda, se generalizaron los préstamos para programas de ajuste estructural y sectorial. Actualmente, ha disminuido la importancia cuantitativa de los recursos destinados al ajuste, que llegaron a su punto máximo con la crisis asiática a finales de la década de los 90 (casi el 70 % de los recursos del BIRF se dedicaron en 1999 a fines de ajuste). Aunque en el ejercicio 2001 el porcentaje de financiamiento otorgado por el BIDF "para finalidades de ajuste" ha sido sólo del 38 % (Banco Mundial, Informe Anual 2001), estas políticas siguen suponiendo un condicionante para acceder a otras líneas de préstamo o de reducción de deuda del mismo BM.