Las deudas de guerra consideradas ilegítimas son aquellas derivadas de préstamos que financiaron planes bélicos con fines imperialistas (extender el dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza); con fines de conquista (ganar, mediante operaciones de guerra, un territorio, población, posición, etc.); o con fines anexionistas (unir o agregar un territorio a un país bajo su dependencia).
Forman parte de este tipo de deudas los montos tomados para financiar los gastos militares destinados a la invasión u ocupación territorial de otros estados tales como armamento o equipos de comunicación, entrenamiento y mantenimiento de tropas, pago de mercenarios, etc.
La invasión de Timor Oriental
Un ejemplo de deuda de guerra es la contraída por el dictador de Indonesia, Suharto (1965-1998), para invadir Timor Oriental con el fin de frustrar su proceso de independencia de Portugal y anexar este país a su territorio.
En noviembre de 1975, Timor Oriental proclamó su independencia de Portugal de forma unilateral. La base popular sobre la que se levantaba el poder independentista fue perfilando la posibilidad de consolidar un modelo económico y político no alineado con los intereses de Estados Unidos en la zona.
El 7 de diciembre, Indonesia invadió Timor Oriental con la excusa de mantener el orden en la región y con el acuerdo tácito de Australia y Estados Unidos. En julio de 1976, Yakarta proclamó la anexión de Timor Oriental a su territorio. Los soldados indonesios en pocos meses masacraron a unas 60.000 personas. Durante dos años, el pueblo libró una feroz guerra contra los invasores y recuperó grandes extensiones de la isla. Estados Unidos y sus aliados aumentaron los envíos de armas al gobierno de Indonesia; con ellas, el ejército lanzó una gran ofensiva. En 1979, por lo menos 200.000 timoreses, casi la tercera parte de la población, habían muerto.
La dictadura indonesia no hubiera podido invadir y ocupar Timor desafiando todas las leyes internacionales sin el respaldo de algunos países occidentales, en particular de Estados Unidos. Efectivamente, como ya se dijo, en el marco de la ocupación represiva, el gobierno estadounidense no sólo no impidió la agresión, sino que incrementó el envío de armas al régimen invasor y cuadriplicó la ayuda económica. Por su lado, el Reino Unido vendió 200 millones de dólares en armas a Indonesia entre 1988 y 1992 y ganó más del doble con la venta de 24 aviones de combate Hawk en noviembre de 1995. Los principales suministradores de armas al régimen indonesio durante los años 1988 y 1992 fueron, por orden de importancia, Estados Unidos, Holanda, Reino Unido y Alemania, países todos integrantes del Grupo Intergubernamental para Indonesia (IGGI) .
Por su parte, el Banco Mundial concedía créditos cada vez más abultados que perduraron aún después de que en 1992 la Subcomisión de Derechos Humanos de la ONU condenara a Indonesia por su “política de represión en Timor Oriental”.
La deuda de Indonesia que hoy paga su pueblo es ilegítima.